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TESTIMONIO DEL MES DE OCTUBRE: EVA MARÍA GARCÍA CALDERÓN

“Sepan todos que nuestro Dios es amor” (San Juan de Ávila).IMG 20260927 WA0036

Con estas palabras sencillas pero llenas de certeza, con las que se inicia nuestro curso pastoral, quiero comenzar mi testimonio de vida.

Porque si tuviera que resumir mi vida en dos palabras, esta sería una de ellas: “AMOR”. El amor, en mayúsculas, que ha acompañado mi camino. Tanto el que yo he dado como el que me ha sido regalado.

Ahora, más que nunca, así lo siento. Acabo de celebrar veinticinco años de casada, (de ahí la elección de mi foto) y estoy enormemente agradecida por ello.

Pero también me siento enormemente agradecida por el amor de mis padres, de mis abuelos, de mis hijos, de mis niños del colegio… Y, sobre todo, del amor de Dios.

El amor de Dios que me ha acompañado siempre, aunque yo no me diera cuenta. Ahora, al echar la vista atrás, lo descubro en cada etapa de mi vida, en cada momento importante, en cada dificultad. Y me doy cuenta del gran maestro que ha sido y es para mí.

Un maestro que me ha enseñado a saber escucharle, a descubrir sus señales y a seguir su camino, a veces, sin que yo me diera cuenta.

Empecé mi andadura escolar, con cuatro años, en el colegio San José, cuando las profesoras eran las Teresianas. Recuerdo lo que me gustaba ir a la capilla del colegio y ponerme en presencia del Señor.

Los años de Instituto me alejé, pero Dios nunca me soltó de la mano.

Siempre ha encontrado la manera de acercarse y hacerse notar. Ahora lo veo claramente.

Como siente Santa Teresa, Dios se anticipa:

“Veía claramente lo mucho que el Señor había puesto de su parte desde que era muy niña, para allegarme a Sí con medios harto eficaces y cómo todos no me aprovecharon. Por donde claro se me representó el excesivo amor que Dios nos tiene en perdonar todo esto cuando nos queremos tornar a Él”.

Me siento totalmente identificada con estas palabras de Santa Teresa de

Jesús.

El Señor siempre guía y se hace presente en cada paso de nuestra vida, sólo hay que saber escuchar y dejarse guiar.

En este camino, a mí me ayudan el silencio de la meditación y la oración.

Y sigo buscando, como cuando era niña, algunos momentos en la capilla del colegio, donde hora soy profesora, y delante del mismo sagrario que ya estaba entonces, algunos instantes de recogimiento y oración, donde le doy gracias a Dios y le pido que siga guiando mi camino y el de los que más quiero.

En este curso pastoral que comienza, el Señor vuelve a llamarme como catequista. Ya lo fui durante siete años (del 2012 al 2019), con dos grupos de chicos estupendos. Aquí siguen conmigo en mi corazón. No les he olvidado y siempre daré gracias a Dios porque los pusiera en mi camino.

Ahora vuelve a elegirme para empezar en el proceso de confirmación de otro grupo de chicos y chicas, a los que espero poder acompañar durante estos años y hacerles sentir lo grande que es el amor de Dios.

Quiero acabar con la segunda palabra importante en mi vida: “GRACIAS”. Porque me siento enormemente agradecida por todo lo que tengo y por todo lo que Dios me ha dado en todos estos años. Son tantas cosas que no tendría espacio para escribirlas.

Sí quiero dar gracias, especialmente ahora, por estos veinticinco años de matrimonio con Raúl y por mis dos hijos (David y Lucía), que son dos grandes personas y que, afortunadamente, también sienten que el Señor les guía y les ama. Ojalá nunca dejen de ver su luz.

Termino con una frase de San Pedro Poveda con el “Amor” como protagonista:

“La señal más segura de que Dios está en nosotros es el amor que unos a otros nos profesamos”.

Ojalá el amor de Dios nos guíe siempre.