TESTIMONIO
ANTONIO GÓMEZ ORTIZ
Mi época de niño, transcurrió siempre queriendo ayudar a misa como monaguillo de la parroquia de S. Antonio de Padua y así fue, mientras mis amigos jugaban toda la tarde en la calle, yo que también lo hacía, llegada la hora me marchaba a la parroquia a rezar el rosario y ayudar a misa de la tarde.
Mas tarde cuando iba 14 años, recibí una invitación a formar parte de un grupo joven de la parroquia, en la invitación se nos decía que nos iban a preparar para recibir el sacramento de la confirmación. Me preparé durante dos cursos y el 22 de Septiembre de 1984 era confirmado por D. Rafael, en una celebración multitudinaria y espectacular, pues hasta entonces no se había celebrado este sacramento en Puertollano desde hacía bastantes años. Este fue el gran encuentro que impulsó en mi el seguimiento a Jesucristo. Con él me encontré este día con la frase lapidaria del beato Juan Pablo II. “NO TENGÁIS MIEDO, ABRID DE PAR EN PAR LAS PUERTAS A CRISTO”.
A partir de aquí comencé a trabajar por el reino de Dios, intentando seguir lo más cercano posible a Jesucristo. Comencé en un centro juvenil que las Religiosas de María Inmaculada tenían en la Parroquia de S. Antonio, allí mi ilusión era trabajar por las misiones y así estuve siempre, trabajando por las misiones... catequesis, grupos de confirmación... Esta comunidad de religiosas se marchan de Puertollano y Dios me tiene otro plan, lo mío, trabajar con y por los jóvenes, así entro a formar parte de la familia salesiana de Puertollano. A seguir trabajando con los jóvenes. El párroco me ofrece la tarea de encargarme de la pastoral familiar de la parroquia y participar de la formación de los novios antes del matrimonio a través de los cursillos prematrimoniales y siguiendo la llamada del Señor a través de él intento acercar mi vida de matrimonio a las parejas que van a poner a Dios en su vida casándose por la iglesia. Tengo dos hijos a los que intento inculcar y hacerles presente a Jesucristo en su vida y en su encuentro personal. El Señor en uno de ellos me hizo ver otra realidad por la que no había pasado mi Fe en él. Fue la enfermedad. Me encontré de frente con el mundo del dolor que hizo que mi fe se fortaleciera tanto que en el hospital ayudaba a tantos padres desesperados y que no encontraban la fortaleza espiritual necesaria para ver a Jesucristo en el dolor de los hijos. El Señor me dio muchas fuerzas para vivir la enfermedad desde el punto cristiano. Así si que se entiende. Ahora sigo en lo mío, y en lo que siempre he sabido hacer, intentar mostrar a Jesucristo cada día en cada acción y en cada momento de mi vida. Se es muy Feliz cuando te fías de Él y cuando te dejas llevar por donde él te indique. Basta decir cada día, “Señor qué quieres que haga hoy por ti y a favor de las personas que se me acerquen” y él te mostrará lo que hay que hacer. Demos gracias a Dios por todo.